4 de julio de 2009

No vine a esto. Vine huyendo de esto. Terminar cediendo seria el colmo de la estupidez.
Me he caido demasiadas veces del mismo caballo y he vuelto a montarlo porque se supone que asi debe ser, sin embargo me vuelvo a caer y me vuelvo a montar, pero esta vez no puedo permitirme ese lujo.
Estoy caido y si, me gustaria montarme de nuevo, pero la situacion en que me encuentro es muy poco propicia; podria caer...

O no caer...

Y las dos opciones me resultan intolerables.

Si caigo del caballo y luego tengo que irme, terminaria yendome por las mismas razones que me trajeron aqui.
Si no caigo del caballo y luego tengo que irme, tendria que bajar por decision propia, lo cual encuentro peor que caerme.
Supongo, por suponer, que el heceho de nunca haber visto un caballo como este, es lo que mas me llama. Es un caballo que representa un gran reto, un caballo salvaje, desconocido, y a pesar de eso, no me inspira miedo. Estamos acostumbrados a temerle a lo desconocido, pero no le temo esta vez.
Pero no puedo permitirme correr el riesgo de lastimarme de nuevo cayendo, o bajando del caballo; asi que camino al lado de el.



Mi ultima caida se llevo demasiada recuperacion. Piernas, rodillas, costillas rotas, raspones, hombros dislocados, dignidad y autoestima fracturadas...
Demasiado dolor como para montar otra vez.
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