30 de noviembre de 2010

Esta luna se parece a ti

Antes del diagnostico. Sentados en una banca del parque del pueblo. Un pueblo pequeño de esos que conocen solo sus habitantes y algun viajero extraviado o aventureros de paso. Dos siluetas beben y platican, viendo al mundo pasarles por enfrente. El intenta conquistarla con su poca experiencia en el campo. Ella, un poco recelosa por los amores fallidos del pasado, esta encantada con el, pero pone limites. No quiere dejar a nadie entrar de subito sin antes tener algun tipo de conocimiento de su generalidad.

-¿Ves la luna? se parece a ti.
-Claro que no.
-En serio.
-¿Por que lo dices?
-Vela bien... es hermosa.
-¡Por dios! ¿alguna vez te ha funcionado esa linea?
-No es una linea. Esta luna se parece a ti.
-Tienes una forma muy extraña de hablarle a las personas.
-Lo siento.
-Solo no me hables asi, es todo. Me siento un poco incomoda.

Los dias pasaron desde aquella noche y el y ella supieron como entrar uno en el otro y conseguir lo que buscaban. Los compañeros inseparables, el amor y el juego bien jugado de la estrategia de estar juntos. Dos cosas los llevaron al hospital despues de un año de su boda: su primer hijo y su diagnostico de cancer llegaron casi juntos. La alegria mas grande en contraste con el miedo inmenso. No era solo el morir, ahora tenia una familia. Un hijo, una esposa, 37 tumores cancerigenos.

-Todo va a estar bien.
-No, no va a estarlo, no trates de calmarme.
-Nadie es indispensable.
-¡Tu lo eres! ¡no me vengas con tus frases idiotas y filosoficas!
-Calmate, por favor.
-¡No voy a calmarme, se me va la vida de entre las manos, es mi esposo el que se me muere!
-No voy a morirme. No ahora. Aun no.
-No lo hagas ahora.
-Pasara cuando tenga que pasar, pero no ahora. Ahora todo va a estar bien.
-Cuentame un cuento para dormir, por favor. De esos que inventas, en los que siempre somos felices.

La ultima noche. En una casa pequeña, un niño duerme tranquilo junto a su padre, con una sonrisa, mientras una esposa llora en los hombros de una madre entera y de gesto duro viendo morir a su hijo. El le busca la mano y balbucea un par de palabras casi imperceptibles. No puede mas, ha llegado su momento y lo sabe. "En lo fugaz de nuestro amor esta el secreto de que nunca vaya yo a olvidarte" ha mandado ella a grabar en una placa metalica para el, cuelga sobre la cama. Una frase de un cuento escrito por el mismo, el que le diera un par de premios y un reconocimiento en cristal, pero jamas comida. Mientras el vuelve a dormir, ella sale a encender un cigarrillo a la puerta, no entiende quien o por que se lo quitan. Las conversaciones entre madres y esposas siempre tienen cierta carga de incomodidad.

-Pense que habias dejado de fumar.
-No puedo evitarlo.
-Estate tranquila, ya me hare cargo yo de todos los gastos.
-¡No son los gastos!
-Te entiendo. Para mi tampoco lo son pero te quito un peso de encima para que puedas vivir tu duelo y nadamas que tu duelo.
-Gracias, señora.
-Mama...
-Mama...

Por primera vez en muchas lunas ella sonrie. Su frustracion es tan grande y el amor es tan extraño. Un ataque de furia la hace volver adentro. La madre observa el marcado caminar de una cadera enfurecida. La gloria del decir adios esta a punto de sucederse cuando ella arranca la cortina del cuarto para dejar descubierta una ventana enorme que da a la calle principal del pueblo.

-¡Abre los ojos! ¿ves la luna? Sal a ver la luna, ¡tienes razon, se parece a mi!

...

-Despierta... por favor. ¡Se parece a mi!

...

-Tienes razon... se parece a mi...
-Esta luna... se parece a ti.
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