4 de julio de 2011

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Lo digo en mil caracteres (incluyendo espacios y signos); estoy seguro de que, cuando vino al mundo no se imagino toparse conmigo. Yo no me imagine toparme con ella. No le esperaba ni le sabia. Solo aparecio, con sus quince o dieciseis años, para voltear mi mundo de cabeza y dejarlo al borde de un ataque de nervios. El deseo que desata cada que me ve acercarme, reflejado en sus ojos, con las memorias de las comisuras de sus labios muertas de anticipacion y nervios, es inexplicable. Me llena el tacto visual con su barbaridad de curvas cada que acaricio con la mirada el oleo de su estructura y beso con las pupilas la majestuosidad de su escote. El cuarto de musica es el lugar perfecto -como siempre- para enredarnos en un revoltijo de sentimientos y pasiones. El piano es la razon mejor para atraparnos el uno al otro en ese remolino. Nunca ha sido una lucha de poderes aunque a veces lo parezca. Nunca ha valido de nada quien tiene menos experiencia o mas heridas. Siempre nos amamos igual.
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