19 de marzo de 2012

Sali a cenar

Sali de casa en shorts de mezclilla Fitch y un sweater rojo de Liverpool que tiene mas años que la Tigresa, mis K-swiss blancos de suela ausente y los lentes enormes que me regalo Alan Zudo.
Marcar y colgar. Señal de que ya llegue. Salio, en todo su esplendor, con su sudaderita de la radiografia de un gato y un pantalon de pants, su flequito medio emo tapandole media cara y sus ojotes chistosos y sus pecas que van y vienen por temporadas.

Me miro y se sonrio y yo carcajee un poco. "¿Que?" me pregunto. "Tu fleco es lo mas emo de este planeta" conteste.

Fuimos a cenar, volvimos a su casa. La abrace y le di un beso suavecito. Me fui caminando y sonriendo, sabiendo que la habia extrañado tanto, que me hacia falta verla, que mis sonrisas son su responsabilidad ahora y que sus cuidados son mis ganas de mañana.

Me di cuenta de que estamos enamorados. Los dos. Perdida e irremediablemente. Es curioso, ¿sabes? he tenido oportunidades de engañarla -o sustituirla cuando la deje- con modelitos arrancadas de anuncio de Tenebrisa y fresitas desas de piel de duraznito que hornean pastelitos en vez de cagar y que, de seguro, los pedos les huelen a bosquecito de la Marquechi, pero nomas la veo y el corazon se me estruja de a madres y me dan ganas de quedarme con ella y dormirme como gatito de 2 semanas entre las piernas de su-gata-madre.

Volvimos para llevarnos todo el mundo entre las patas por hacer lo que queramos juntos. Los dos. Los tres.

Te quiero.
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