20 de marzo de 2012

True Story

Pero, entre que estaba difusa la cruda de la tacha de la vispera, haciendome tartamudear como po-porky pi-pig, y entre que soy un naco tepuja del altiplano, el cual se deja apantallar por cualquier rubia jija de su Pedo de Alvarado Tonatiuh, sumado a que soy un culero inseguro collon acomplejado cobarde nalgas meadas, me quede parado, ahi nomas, inmovil de las patas, sobandome las manitas como si fuera el autista del momento. Estaba aterrorizado porque, de hecho, sonriendo como Monolisa, apenitas, de lado, Martin me clavo su mirada azul-no-mames en el ojo izquierdo y senti como se me desfundaba la cazuela de la mierda, como me jalaban los sesos con dos ganchos de ropa por los hoyos de la nariz.
-¡Ora boludo! -me autodije con acento de sicoanalista argentino-, esta es la oportunidad para que superer de una vez por tochas tus chingados traumas y dejes el triste consuelo de hacerte chaquiras soñando con ninfetas totalmente Palacio, o que, ¿me vas a decir que Martin no expulsa troncos de cagada por el fundillo? Anda, güey, imaginatela acoplada en el retrete, con el borde de su ano boqueando a todo lo ancho por los efectos del estreñimiento, limpiandose un tallon de diarrea de su pedorro de ella.

-Armiados Güeva Vil
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