4 de mayo de 2017

De cumpleaños y esas cosas

Los cumpleaños son, para mi, un suceso digno de trauma. Esto se debe a que según van pasando los años me quedo mas solo.

Demostrado está en el hecho de que, cuando era joven y guapo, me llovían llamadas de felicitación a partir de las 12 de la noche. Llovían. Y nunca entendí eso de las 12 de la noche si yo nací a las 6:25 de la mañana pero en fin, es tu día y el día para los listillos empieza a las 12. En mi último cumpleaños me llamaron mi ex, Alan y mi mamá para decirme algo de viajar a CDMX. No juntos. Alan me llamó para felicitarme, Mónica para quedar y llevarme a Damián y mi mamá para lo del viaje... en fin que, como explicaba, es terrible darte cuenta de esto.

En el lado amable de las cosas, conforme pasan los años también me doy cuenta de que aquello que yo solía llamar “la depresión del mes antes de mi cumpleaños auspiciada por la sensación de ir perdiendo importancia para el resto del mundo” se ha ido reduciendo significativamente, de un mes a 3 semanas, 2 semanas, 1 semana; durante el tiempo que estuve casado eran unas cuantas horas y en mi pasado cumpleaños, ya como hombre separado de mi mujer, 1 día. UNBENDITOPINCHEDÍA.

Este proceso le ha cambiado el nombre significativamente para convertirlo, primero, en  “la depresión de antes de mi cumpleaños auspiciada por la sensación de ir perdiendo importancia para el resto del mundo” y luego a “la depresión de después de mi cumpleaños auspiciada por la sensación de ir perdiendo importancia para el resto del mundo”.

¿Por qué la depresión ahora es después?

Pues venga, la historia es fácil: unos días antes de cumplir 33 mi ex mujer decidió que sería buena idea confundirme y jugar con mi mente. No sé, y esto lo aclaro y lo firmo, si intencionalmente o no. De verdad no lo sé. La cosa es que me dijo que no importaba el tipo de relación que llevábamos en ese momento (durante un par de meses me invitaba a la casa a dormir, me saludaba de beso en la boca y, a veces, rompía a llorar en mi hombro por que "le hacía falta mi abrazo"), nuestro status no cambiaría de ningún modo y ella seguiría con su vida y se iría lejos para no volver a excepción de -y esto se lo agradezco infinito- cuando yo quisiera ver a mi hijo. La idea no me pareció descabellada, así que agregué “está bien, yo te entiendo y no voy a reclamar nada si esto deja de pasar”. El día de mi cumpleaños vino a la casa, me dejó mi regalo (un dibujo que mi hijo coloreó, con mucho amor, de una mamá besando a un papá y dos boletos para que fuéramos a un concierto el 7 de mayo), se sentó un rato a platicar y luego se fueron.

Debo aclarar que el dibujo me causa dolor cada que lo veo colgado del refrigerador pero a Damián le encanta contarme como lo coloreó y cuanto le gusta verlo ahí y que al concierto no va a ir conmigo por obvias razones.
Yo, como siempre, viviendo en mi lado del mundo, entendí la expresión "voy a seguir con mi vida" literalmente y como suena por que no encontré el mensaje entre líneas -y del cual fui informado un par de días antes de ir a la primera firma de mi divorcio- y "seguí con mi vida". Con esto me refiero a que me tomé 5 días de descanso en el trabajo, me puse borracho e incluso fui a una fiesta con amigos, me la pasé casi todo ese tiempo acostado y solo trabajé un rato el día de mi cumpleaños por que Damián necesitaba zapatos nuevos y ella el dinero para los mismos.

Cuando recibí la amable invitación a la firma del divorcio también recibí el mensaje entre lineas que decía "después de haberte dicho que iba a seguir con mi vida, el hecho de que te hayas alejado y no hayas querido hacer nada conmigo en tu cumpleaños pero después me dijeras que ibas a cenar con tus amigos demuestra que mi intento por arreglar las cosas entre nosotros no funcionó y te valió madres". Un intento del que nunca me enteré por que, al parecer, las mujeres después de siglos y siglos de lidiar con los hombres siguen creyendo que entendemos indirectas.

Aquí debo aclarar que, sí, le mentí, diciéndole que no quería pasar mi cumpleaños con nadie para no decirle que por sí solo, mi cumpleaños me deprime por que me demuestra como voy perdiendo importancia para el resto del mundo pero encima pasarlo con ella iba a ser un putazo que no quería soportar al no solo perder importancia para el resto del mundo sino para ti, que eras mi mundo.

Ahora que ha pasado ya casi un mes de haber cumplido 33 y que vivo solo en un departamento que, en toda su extensión, cabe en la sala del departamento que ella se rentó en una colonia a su nivel, ahora que lavo mis calzones en la regadera y que difícilmente llego a fin de quincena con algo de comer, me doy cuenta de cuan deprimente resulta “la depresión de después de mi cumpleaños auspiciada por la sensación de ir perdiendo importancia para el resto del mundo” y como es excesivamente peor que “la depresión de antes de mi cumpleaños auspiciada por la sensación de ir perdiendo importancia para el resto del mundo”.
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